Áreas de intervención

Aunque no nos demos cuenta, día a día la vida nos presiona al cambio. A cada momento estamos tomando decisiones, aunque muchas veces lo hacemos de manera inconsciente y guiados por el repertorio de experiencias que hemos ido acumulando a lo largo de nuestra historia, sin siquiera pensar en cómo lo estamos haciendo.

Sin embargo, llega un momento en que una situación particular, una condición o una etapa de la vida, genera sensaciones o síntomas desagradables o, simplemente nos hace percibir que no contamos con los recursos disponibles para enfrentarla.

Desde nuestra experiencia, pensamos que se necesita la ayuda de un psicólogo, cuando los distintos modos por los que se ha tratado de solucionar el problema, no han resultado satisfactorios para afrontar, modificar y entender la situación psíquica por la que se está atravesando. Entonces es cuando consultar con un psicólogo puede resultar de gran utilidad para que éste pueda valorar y ayudar a resolver su problema de una forma más objetiva y profesional.
Las problemáticas más comunes son:

La depresión

Es el trastorno psicológico más frecuente y seguramente el que más perjudica a la persona que lo padece y a los de su entorno.Aunque otros problemas psicológicos afectan de forma intensa en una o varias parcelas de la vida de la persona, la depresión irrumpe y altera todas las áreas de la vida de la persona afectada. A pesar de que hay periodos de alivio, la depresión es una carga que se lleva continuamente a cuestas, y en los casos en que se presenta de forma severa, puede afectar a procesos de funcionamiento básico como la memoria o la capacidad de concentración. La depresión es un trastorno emocional que provoca grandes cambios en nuestra forma de pensar, sentir y actuar. Notamos tristeza, ganas de llorar, irritabilidad, ansiedad y a nivel físico sentimos cansancio excesivo, pérdida de apetito, problemas de sueño y muchos más síntomas. Aparece una tendencia a ver el lado oscuro de todas las cosas.

La ansiedad

Es una cadena de pensamientos e imágenes con carga afectiva negativa. Es tener una preocupación y ansiedad excesivas que persisten y son difíciles de controlar. Las áreas más comunes de preocupación suelen hacer referencia a circunstancias de la vida diaria como la familia, los amigos, el dinero, el trabajo, los estudios, el manejo de la casa, la salud y las preocupaciones sociales. Los síntomas físicos producen un malestar significativo, un deterioro social, laboral o de otras áreas importantes del funcionamiento de la persona. Los síntomas que pueden aparecer son palpitaciones, taquicardia, sudoración temblor, sequedad de la boca, dificultad para respirar, sensación de ahogo, dolor en el pecho, náuseas o malestar abdominal, sensación de mareo, inestabilidad, miedo a perder el control, miedo a morir, sofocos o escalofríos, aturdimiento, tensión, molestias musculares, inquietud, incapacidad para relajarse, dificultar para concentrarse, irritabilidad, dificultad para conciliar el sueño, etc.

Fobias sociales, miedos y timidez

Son problemas psicológicos muy frecuentes. Las personas que padecen estos problemas creen que sus inseguridades y sus miedos forman parte de su personalidad. La realidad es que no se nace con ellos, es la consecuencia de una sucesión de experiencias educacionales que van conformando este problema. La terapia aplicada trata de técnicas dirigidas a eliminar los efectos de esas malas experiencias que la persona a sido victima y cambiar el comportamiento fóbico por otra conducta más saludable y adaptativa con el fin de que la persona se libre del sufrimiento emocional y la ansiedad que ello le produce y consiga llevar un vida satisfactoria. El objetivo de la terapia es contrarrestar a los malos aprendizajes con un tiempo de reaprendizaje.

El estrés

Cuando la presión estimulativa que recibe una persona es tal, que no puede canalizarla adecuadamente, y se desborda, es decir, hay una descompensación entre las demandas que el ambiente plantea y los recursos de los que uno dispone para hacer frente a tales demandas. No debe considerarse como factor de estrés cualquier demanda, sino sólo aquellas que por su intensidad, novedad o indeseabilidad requieren una respuesta forzada. «Estoy desbordado», es la expresión más común que tenemos que escuchar por parte de los pacientes. Las categorías de acontecimientos que se consideran factores de estrés que producen reacciones y conducen a una perturbación emocional o deterioro físico se señalan como por ejemplo someterse a un examen médico, el divorcio, el duelo por la pérdida de un ser querido, presentarse a un examen, asistir a una reunión de negocios, una enfermedad debilitante, las desavenencias en una pareja o tener que trabajar en un clima desagradable.

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